2026: el comienzo que no empieza de cero
- Lola Cerredelo
- 29 dic 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: hace 6 días
Numerología, Tarot, astrología y la conciencia del devenir

El umbral y la continuidad
Desde la numerología occidental, 2026 se presenta como un Año 1: un umbral, una semilla, un primer paso. Sin embargo, todo inicio verdadero nace de algo previo. No aparece en el vacío ni irrumpe como una hoja en blanco.
El Tarot —entendido no como predicción sino como lenguaje simbólico del devenir— permite leer este pasaje con más profundidad: el Año 1 no corta con el pasado, lo continúa de otra forma. Cada comienzo auténtico es consecuencia de una integración previa.
Por eso, para comprender el 2026, es necesario mirar primero qué se cerró, qué se decantó y qué quedó listo para ser sembrado.
Del 9 al 1: el cierre que gesta
El año anterior, regido por la vibración 9, estuvo marcado por procesos de cierre, depuración y síntesis. En el Tarot, esta energía dialoga con la figura del Ermitaño: no como huida del mundo, sino como retirada consciente para comprenderlo.
El Ermitaño no ilumina el camino entero.Ilumina el próximo paso necesario.
Cerrar un ciclo no implica olvidar, sino integrar. Todo lo que no fue comprendido en el 9 reaparece confuso en el 1; todo lo que fue asumido, se transforma en potencia creadora. En este sentido, el 9 no es un final, sino un espacio de gestación.
Así, el 2026 no empieza “desde cero”.Empieza desde lo aprendido.

La suma 10: el giro antes del inicio
Aunque 2026 se reduce numerológicamente al 1 (2 + 0 + 2 + 6 = 10 → 1), el 10 merece una atención especial. En el Tarot, el Arcano X es La Rueda de la Fortuna, símbolo del movimiento inevitable, de los cambios de estado y del ritmo que excede la voluntad individual.
La Rueda no es castigo ni premio: es reordenamiento.Antes de que algo nuevo pueda comenzar, algo tiene que girar.
El 10 señala ese instante en el que el escenario se reacomoda. No siempre elegimos cuándo ocurre ese giro, pero sí desde dónde lo atravesamos. Por eso, el 2026 porta una doble vibración:
el 10, como transición dinámica y reajuste,
y el 1, como afirmación consciente y acto creador.
El Año 1 y la conciencia que inicia
El Año 1 se asocia simbólicamente con El Mago, figura del comienzo consciente. El Mago no crea desde la nada: crea porque reconoce lo que tiene disponible. Sobre su mesa están los cuatro elementos, aún sin integrar del todo, pero presentes.
Su poder no reside en la fuerza, sino en la atención, la intención y la dirección.
El inicio que propone el 2026 no es impulsivo ni ingenuo. No se trata de “hacer algo nuevo” por reacción, sino de hacer de otro modo. Cada palabra, cada decisión y cada gesto inauguran realidad cuando están alineados.
Claves del Año 1:
iniciativa consciente
responsabilidad creativa
claridad de dirección
recuperación del poder personal

El Loco: el trasfondo invisible del comienzo
Todo Año 1 vibra también con la energía de El Loco (0), aunque no siempre se la nombre. El Loco representa el potencial puro, el salto de fe, la confianza en el camino antes de conocerlo.
Si El Mago sabe cómo empezar, El Loco recuerda por qué: porque la vida llama.
En el 2026, esta energía actúa como corriente subterránea: invita a soltar excesos de control heredados del ciclo anterior y a permitir que lo nuevo tenga espacio para sorprender. Sin esa apertura, el inicio se vuelve rígido; sin conciencia, se vuelve caótico.
Astrología y el clima del tiempo
Desde la astrología, el número 1 dialoga simbólicamente con el arquetipo del inicio:Aries, el impulso vital, el principio solar. No como destino, sino como clima.
La astrología no impone hechos: describe la cualidad del tiempo. Un clima no obliga, pero orienta. Permite discernir cuándo avanzar, cuándo esperar y cuándo ajustar la dirección. En ese sentido, el Año 1 favorece movimientos pioneros, redefiniciones de identidad y decisiones que buscan coherencia más que validación externa.
Occidente y el mito del comienzo
Es importante recordar que esta lectura depende del calendario gregoriano, una construcción cultural occidental. Otras culturas viven el tiempo de manera más cíclica, sin la misma obsesión por el “nuevo comienzo” o la reinvención permanente.
Para la mente occidental moderna —marcada por la productividad, el progreso y la identidad individual— el Año 1 funciona también como un mito psicológico colectivo: la promesa de empezar de nuevo, de ser otra versión de uno mismo.
La pregunta entonces no es solo qué comenzamos, sino desde dónde y para qué.

Devenir, sentido y elección
El Tarot, la numerología y la astrología no hablan de destinos fijos, sino de procesos en movimiento. El devenir es la clave interpretativa del 2026: no imponer un rumbo, sino cooperar con el momento.
La Rueda gira.El Ermitaño comprende.El Mago actúa.El Loco confía.
Este año nos interroga con suavidad, pero sin concesiones:
¿Qué comienzos nacen de la conciencia y no de la huida?
¿Qué decisiones honran lo aprendido en lugar de negarlo?
¿Qué estás dispuesto/a a iniciar con responsabilidad y presencia?
El primer paso verdadero
El 2026, como Año Numerológico 1, no es una explosión, sino un acto inaugural. Su fuerza no está en la velocidad, sino en la dirección. Viene precedido por la sabiduría del 9, atravesado por el giro del 10 y encarnado en la voluntad del 1.
Todo inicio auténtico es humilde.Empieza con un gesto pequeño, pero alineado.
Cuando ese gesto nace de la conciencia, el devenir deja de ser azar y se transforma en camino.
Si el 2026 nos invita a iniciar con conciencia, el Tarot simbólico se vuelve una herramienta de lectura del presente más que un espejo de predicciones. No para decir qué va a pasar, sino para ayudarnos a entender qué está maduro, qué pide espera y qué merece un primer gesto alineado.
Este año nos pregunta:
¿Qué comienzos nacen de la conciencia y no de la huida?
¿Qué decisiones honran lo aprendido en lugar de negarlo?
¿Qué estás dispuesto/a a iniciar desde tu saber y no desde el ruido?
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