Karma y Dharma: Dos Caras de la Libertad
- Lola Cerredelo
- 17 ago 2025
- 4 Min. de lectura

Desde hace tiempo me inquieta el modo en que nuestras decisiones dibujan caminos que luego se nos devuelven de formas inesperadas. En la filosofía espiritual de la India, encontré dos conceptos que no dejan de acompañarme: karma y dharma. No como ideas sueltas, sino como partes de un ciclo profundo que toca lo cotidiano.
Y cuando los observo juntos, siento que encierran una forma posible de entender la libertad —una que no se trata de justificar lo que duele, sino de encontrar cómo transformarlo. Una libertad que no evade lo humano ni romantiza el sufrimiento, sino que nos invita a elegir con más conciencia, incluso cuando elegir nos cuesta.
Karma: La acción que teje realidades
Karma significa “acción”. Pero no se trata solo de lo que hacemos con el cuerpo. También hay karma en lo que pensamos, en las palabras que elegimos, en lo que dejamos pasar o no. A veces, una idea fugaz es suficiente para cambiar una actitud o una decisión.
Lo interesante es que esta noción de causa y efecto no se trata de premios o castigos, sino de una red viva que respondemos y creamos al mismo tiempo. Cada gesto que nace de nosotras tiene resonancia.
Swami Sivananda lo decía sin rodeos: “Sos el creador de tu propio destino.”
Lo que pensás se vuelve acción. Lo que repetís, hábito. Y eso, finalmente, va tallando tu carácter.
Pero esto no significa que todo lo que nos sucede sea “culpa” nuestra. Ser conscientes de nuestras elecciones no invalida las condiciones sociales, culturales o históricas en las que vivimos. El karma no es una excusa para ignorar el dolor ajeno ni para justificar lo injustificable.
La responsabilidad espiritual no es autoexigencia ni culpa disfrazada. Es presencia. Es preguntarnos: ¿Qué puedo elegir ahora, incluso en medio de lo que no elegí?
Dharma: El orden que sostiene
El dharma es otra pieza clave. Es ese tejido más grande que contiene nuestras acciones. A veces se siente como ley natural, a veces como llamado, a veces como un pulso que nos ordena desde adentro.
No hay un solo dharma para todos. Cada quien tiene el suyo. Y también cambia con el tiempo.
Gandhi lo decía con lucidez: “El dharma de uno puede no ser el dharma de otro.”
El Bhagavad Gita habla de dharma como aquello que uno debe cumplir desde lo más profundo. No como obligación impuesta, sino como fidelidad al rol que el alma reconoce.
Pero cuidado: Dharma no es resignación.Tampoco es deber moral desde el miedo o la sumisión. El dharma verdadero no aplasta. No encierra. No pide silencio frente a lo injusto.
Si el karma es la semilla, el dharma es el suelo. Y nuestra tarea es observar bien el terreno antes de sembrar: ¿en qué momento estamos? ¿qué nos pide la vida hoy? ¿cuál es el rol más auténtico que podemos habitar, sin traicionarnos ni justificar sistemas rotos?

La libertad entre karma y dharma
Acá aparece una idea que me sigue haciendo eco: la libertad no está en actuar sin consecuencias, sino en aprender a leer lo que nuestras acciones generan y en aceptar la danza viva entre lo que damos y lo que vuelve.
Pero ojo: aceptar no es callar. Aceptar no es soportar violencia. Aceptar es ver lo que es, sin negación ni autoengaño, y elegir desde ahí con más lucidez.
Krishnamurti lo decía así: “La libertad no es hacer lo que uno quiere, sino actuar con comprensión.”
Karma nos recuerda que tenemos poder de elección. Dharma nos invita a ver el contexto, a reconocer lo que se acomoda (o desacomoda) cuando elegimos.
Y elegir conscientemente no es fácil. Requiere trabajo interno, coraje, muchas veces dolor. Transformarse duele. Pero seguir repitiendo lo mismo… duele más.
Un ciclo consciente: sembrar, aceptar, aprender
El Bhagavad Gita ofrece una brújula clara: “Tu derecho es realizar la acción, pero nunca te apegues a los frutos.”
Eso es karma yoga. Actuar con intención, pero sin obsesión.Estar disponibles para lo que surja, sin perderse en la expectativa ni entregarse al control.
Así lo vivo, al menos en este tiempo:
Elijo actuar con conciencia (karma).
Escucho lo que la vida me devuelve (dharma).
Aprendo con cada paso, sabiendo que incluso lo incómodo trae algo para revelar.
Pero no para justificarlo. Sino para transformarlo. Porque lo que duele no siempre es injusto, pero lo injusto siempre duele, y no puede ser ignorado por una mirada espiritual auténtica. Elegir desde el amor, sin negar el dolor
Karma y dharma no son fórmulas mágicas ni leyes rígidas. Son brújulas para una vida consciente. Nos recuerdan que somos co-creadoras: tejemos y somos tejidas.
La verdadera libertad no es escapar del dolor, sino vivir con lucidez, sensibilidad y coraje.
La libertad real es preguntarnos en cada momento: ¿Qué estoy eligiendo ahora?¿Desde qué lugar decido? ¿Desde el miedo… o desde el amor más profundo que pueda sostener?
Como decía Bill Hicks:“La elección es entre el miedo y el amor.” Y cada instante es una oportunidad para elegir otra cosa. No para negar la realidad, sino para empezar a tejerla distinto.
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